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Por qué no hay que nadar con delfines
Es una de las actividades más vendidas de la Riviera Maya y una de las más problemáticas. Esto es lo que hemos visto, y las alternativas.
Nadar con delfines es una de las excursiones más solicitadas y más vendidas de la Riviera Maya. Muchos viajeros que llegan a Playa del Carmen nos preguntan si organizamos el «nado con delfines», qué parques les aconsejamos, para dar un gusto a los niños, para recién casados en viaje de novios o simplemente para cumplir un sueño.
Pues no: como agencia ecoturística, no vendemos entradas para esta atracción que se encuentra en una decena de lugares de toda la Riviera.
Algunos complejos tienen incluso su propio parque, y se trata evidentemente de un enorme negocio en el que hemos decidido voluntariamente no participar. Estas son algunas explicaciones que, esperamos, le ayudarán a tomar una mejor decisión.
Estos animales tienen una particularidad en su contra: dan la impresión de ser felices porque lucen una sonrisa permanente, lo que hace pensar a algunas personas que les gusta hacer sus «números». La realidad es muy distinta.
- Los delfines llevan miles de años perfectamente evolucionados para vivir en libertad en los océanos profundos, y no en piscinas de hormigón de unos metros de profundidad.
- En su medio natural recorren hasta un centenar de kilómetros al día, se sirven de su sonar, buscan su alimento y conviven con distintas especies. En un parque dan vueltas en círculo, comen únicamente pescado muerto congelado y se vuelven depresivos.
- La gran particularidad del delfín es emitir ultrasonidos. Es una especie de sonar que le permite orientarse en su entorno, comunicarse e incluso cazar. En una piscina de hormigón, los animales ya no pueden comunicarse correctamente.
- Gracias a ese sonar, el delfín nunca está ciego, ni siquiera de noche: puede localizar a un pequeño pez que nada a cientos de metros, e incluso bajo la arena.
- Imagine ahora ese mismo sonar rebotando todo el día contra las paredes de una piscina. Imagine una pecera con un pez dentro y a alguien que se pasa el día golpeando el cristal.
- Los delfines comen de media 25 kilos de alimento al día. En los parques se les da de comer sardina a sardina, únicamente cuando ejecutan una figura. Los especialistas explican que dejan de obedecer cuando están saciados: por lo tanto, se les «adiestra» mediante la privación de comida.
- La esperanza de vida en cautividad se divide por dos. Un delfín libre vivirá unos 40 a 50 años, frente a unos veinte años para un delfín cautivo.
La mayoría de las veces se capturan de forma atroz, como muestra el documental «The Cove» en Japón. Se les separa para siempre de los suyos, algo muy duro para unos animales que viven en comunidad y para los que las relaciones sociales son esenciales.

Los parques de delfines no son empresas de protección animal: se crearon para generar beneficios, y algunos parques llegan a ganar hasta un millón de dólares por delfín.



Los delfinarios son malos para los delfines
Si a usted o a sus hijos les gustan los delfines, tenga presente que los delfinarios hacen mucho más daño que bien a estos animales.
Quizá piense que todo el mundo va y que un visitante más o menos no cambiará nada. No se engañe: los parques no abrirían si la demanda no fuera tan fuerte. No comprar una entrada es asumir su responsabilidad.
Si su sueño es ver delfines, elija más bien la reserva de Sian Ka’an, donde están totalmente en libertad. Es imposible nadar con ellos: su aproximación sigue estando muy regulada en la reserva.
Sepa también que todos los niños a los que se lo hemos explicado han entendido perfectamente el mensaje. No se han sentido conmocionados, todo lo contrario: han querido saber más.
Hoy hablamos de los delfines, pero el tráfico de animales no les concierne solo a ellos. Al llegar a Playa del Carmen verá distintos animales en la famosa Quinta Avenida: iguanas, serpientes e incluso cachorros de tigre o de león, que evidentemente no son animales de México. Le pedirán una pequeña cantidad por la foto o por acariciarlos, y eso no tiene nada que ver con la protección de estas especies.
No se trata en absoluto de un mensaje moralizante, sino de una realidad de la Riviera Maya y del Caribe. Ahora ya sabe por qué no vendemos esta salida y por qué no la venderemos nunca.
Si le gustan los animales, puede encontrarlos en su medio natural: ese es todo el sentido de nuestra salida de tiburones ballena, supervisada y estrictamente regulada.
Para saber más: el documental «The Cove: la bahía de la vergüenza», realizado con el antiguo adiestrador de Flipper.
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